El streaming musical se ha convertido en un negocio que genera más y más beneficio cada día que pasa.

Aunque en la mayoría de ocasiones disfrutamos de la música en streaming de manera gratuita, la industria sí obtiene beneficios, lo que, sin dudar, ha hecho que el streaming matase la industria de la música clásica.

 

¿Cómo obtiene beneficios el streaming musical?

No es de extrañar que la tecnología del streaming haya tenido y siga teniendo tantísimo éxito. El soporte del material musical en la red no es muy costoso y, a su vez, incluye varias vías para obtener beneficios.

Las suscripciones premium y las campañas publicitarias incrustadas en servicios gratuitos de radio hacen que internet se vuelva un medio aún más cómodo para consumir música.

El viraje de la industria de la música clásica al streaming musical

Desde hace unos años, el vídeo en streaming desbancó por completo el formato televisivo para su consumo en edades comprendidas entre los 14 y los 30 años, ofreciendo contenido gratuito o muy barato, a la carta, sin a penas interrupciones y con la posibilidad de disfrutarse en cualquier sitio.

Años más tarde, comienza a ocurrir lo mismo con el contenido de audio, el cual ya es disfrutado como primera opción por muchos de los consumidores habituales de música, engrosando las carteras de proveedores, reproductores de streaming y contratistas internautas y mermando las arcas de discográficas, artistas, transportistas y otros empleados relacionados con la industria musical convencional.

El streaming musical en cifras

El streaming de contenido musical comienza a ser rentable como tal hace muy poco, el pasado año 2015. Hace ya varios años que venimos viendo intentos más que interesantes, como lo sigue siendo a día de hoy, Spotify, la plataforma musical en streaming más conocida, sin embargo, el formato no ha sabido dar sus frutos hasta hace a penas dos años.

Spotify, como decíamos, destaca -más que destaca, queda a años luz- sobre el resto de plataformas, habiendo invertido 3 billones de dólares en regalías en unos pocos meses, consiguiendo, con ello, un total de 20 millones de subscriptores.

Los inversionistas, por su parte, muestran su confianza en la marca invirtiendo sobre medio billón de dólares cada mes.

Con estas cifras, sumado a todo lo anterior, no nos cuesta entender que hace tres años en nuestro país se vendiese sólo una quinta parte de contenido musical en formato físico respecto a hace quince años, lo cual hizo que la facturazión se desplomase de los 626 a los 120 millones.

Por supuesto, esta caída no se ha debido sólo a la popularización del streaming, pues hablamos de más de una década de descensos -aunque con un repunte fugaz en 2012- sino que el cambio de formato a mp3 hizo que el consumo se diversificara, alternando compras físicas con material digital.

Fue en 2013 cuando el streaming empezó a ganar presencia, aumentando un 51% respecto al año anterior, a la vez que las descargas se reducían en un 2,1%. Un año después, el aumento del primer formato continuaba con un 14% respecto al primer trimestre del año anterior y un retroceso del 9% en el caso de las descargas.

Con este panorama, no es difícil adivinar cuál está siendo una de las pocas opciones que le queda a la industria musical clásica, ¿no? Pues pasarse al formato digital. Aunque las ventas digitales no tienen mucha salida, los royalties y la emisoras y cadenas propias sí.